1 de mayo de 2014

El movimiento anti-gato en la época medieval

La Iglesia Cristiana, tanto la Católica como tiempo después la Protestante, parece haber tenido un papel importante en este movimiento. Hoy en día es difícil pensar cómo lo hacían los teólogos medievales, pero se originó una superstición de que la forma que Satanás adoptaba en este mundo era de un gato negro. De ahí, sólo faltó un paso para asociar a los gatos con las brujas, los agentes de Satán, sus familiares o compañeros.

Dos fuentes, tanto religiosas como legendarias han sugerido el orígen de este movimiento anti-gatos:
  • Una, de la Antigua Grecia, concerniente a Hécate (dios griego de la magia y encantador de cementerios): Galentio, el sirviente de Hécate, fue convertido en gato y podía conjurar a los espíritus de los muertos. 
  • La otra procede de la mitología noruega: En la tierra germana del Rhin, en el Siglo XIII revivió el culto pagano a la diosa de la fertilidad Freya, cuyo carruaje era jalado por dos gatos gigantes. Los gatos jugaban un papel importante en los ritos del culto a Freya.
Cualquiera de estas dos razones parecen ser demasiado débiles para haber comenzado una era de ataque cristiano contra los gatos, incluso aunque se reforzara por el hecho de que sólo hay una mención de gatos en la Biblia (en los Apócrifos, en la "Carta a Jeremías"). Pero los gatos se convirtieron en convenientes chivos expiatorios y representaciones del mal particularmente en lo relacionado a brujería.

A finales del Siglo XV, el Papa Inocencio VIII (feroz oponente de la magia, brujas y el culto a Freya), ordenó quemar a las brujas y que se quemara también a sus gatos con ellas.

Innocent VIII 1492
Photo credit: Wikipedia

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