19 de mayo de 2014

Gatos y vampiros

En los siglos XVI y XVII, tal vez asociando a los gatos con la brujería o posiblemente con un distinto origen en la leyenda griega de Hécate, en Europa Central se encontraba ampliamente diseminada la creencia que los gatos podían tomar posesión de un cadáver y hacer que éste se transformara en vampiro. Los gatos eran mantenidos afuera de las habitaciones donde se encontrara un cadáver, y si algún gato accidentalmente entraba, era perseguido y ejecutado.

En las leyendas de vampiros originales, el vampiro no sólo bebía la sangre de la víctima, sino que después de esto la inyectaba en un cadáver reciéntemente muerto, para de esta manera revivirlo y así reclamarlo como su posesión. El cuerpo vuelto a la vida debía entonces servir al mal.


Hasta que Bram Stoker publicara su novela Drácula en 1897, no había asociación alguna entre vampiros y murciélagos. Tradicionalmente, los vampiros eran lobos o gatos.

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