6 de mayo de 2014

Sociedad entre brujas y gatos

La definición legal de una bruja en Inglaterra era: "Una persona que sostiene una conferencia con el demonio, ya sea para consultarlo o para realizar un acto". Por lo tanto, las brujas podían ser acusadas por las catástrofes que sucedieran.

La creencia popular suponía que los gatos de las brujas podrían prever dichos desastres y se pensaba que las brujas podían transformarse en gato y regresar a su forma humana nueve veces (tal vez sea el origen de las nueve vidas de un gato). También se decía que podían montar sobre el lomo de los gatos para asistir a sus juntas con el demonio; que varios órganos de gato se utilizaban en los brebajes. También se usaban en la medicina de los charlatanes y el hecho de que las mujeres que se pensaba que eran brujas solicitaran remedios tradicionales, no ayudaba en nada a los gatos.



Para comienzos del Siglo XVI, la persecución de brujas y sus gatos se encontraba en su apogeo. Fue un caso de alianza entre las enseñanzas de la Iglesia y la superstición popular. Cualquier mujer mayor que viviera sola entraba bajo sospecha, especialmente si tenía un gato como mascota y peor si era negro.

Por asociación, los gatos aún sin brujas, eran sujetos de sospecha. El lapso entre el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo se convirtió en el periodo de matanza y sacrificio de gatos. Eran ahorcados en numerosas partes de la Europa Occidental, y lanzados a hogueras o rostizados en canastas al final de largas pértigas en varios distritos de Francia.

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