25 de noviembre de 2014

Los gatos en el mundo musulmán

Según el folklore árabe, el profeta Mahoma amaba tanto a su gato que en una ocasión, cuando éste se quedó dormido sobre la manga de su túnica, el profeta prefirió cortar la manga antes que molestar al felino. La leyenda cuenta también que las líneas paralelas que se ven en la cabeza de algunos gatos, son marcas dejadas por el mismo Mahoma al acariciar la cabeza de su gato. Incluso la habilidad del animal para caer siempre parado fue dada también por Mahoma a los gatos, luego de que uno de estos felinos lo salvara de una serpiente venenosa.

En el Islam se considera al gato como un animal limpio, a diferencia del perro, que no compromete la pureza que requieren los hombres para orar. De hecho, el agua que beben los gatos puede utilizarse para abluciones rituales.

El gato es un animal tan limpio para los musulmanes, que se permite su presencia dentro de las mezquitas, privilegio que de ninguna manera es otorgado a los perros.

Además de su limpieza, el folklore árabe atribuye a los gatos otras virtudes más. Se dice, por ejemplo, que son capaces de predecir el futuro o que pueden llegar a sacrificarse para salvar la vida de sus humanos. Los gatos también pueden aparecerse en los sueños y enseñarnos música. Incluso, para algunos el ronroneo es su manera de rezar.

Este enorme aprecio por los gatos en el mundo islámico queda demostrado por un hecho histórico: En el año 1280, el sultán Beybars fundó refugios para gatos sin hogar en los que se le proveía de alimento y cobijo.

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